Escribir el mejor artículo del mundo no sirve de nada si Google ni siquiera sabe que existe. El rastreo e indexación es el proceso previo a cualquier posicionamiento: cómo descubre Google una página nueva (rastreo) y cómo decide guardarla en su base de datos para poder mostrarla en resultados (indexación).
Dos pasos, no uno solo
El rastreo lo realizan los «bots» o «arañas» de Google (el más conocido, Googlebot), que recorren internet siguiendo enlaces de una página a otra, descubriendo contenido nuevo o cambios en contenido ya existente. Una vez rastreada una página, Google decide si merece la pena indexarla: analizarla, entenderla y guardarla en su índice para poder mostrarla ante búsquedas relevantes. Una página puede rastrearse y, aun así, no llegar a indexarse, si Google la considera de baja calidad o duplicada.
Herramientas que facilitan (o dificultan) el rastreo
- Sitemap XML: un listado de páginas que se envía directamente a Google para facilitar su descubrimiento.
- Robots.txt: un archivo que indica a los bots qué partes del sitio pueden o no rastrear.
- Enlazado interno: cuantos más enlaces internos relevantes reciba una página, más fácil resulta que los bots la encuentren.
- Etiquetas noindex: indican explícitamente a Google que no debe indexar una página concreta, aunque sí pueda rastrearla.
Errores técnicos que dejan contenido invisible
Un robots.txt mal configurado que bloquea sin querer secciones enteras del sitio. Una etiqueta noindex olvidada en páginas que sí deberían aparecer en resultados. O un sitio tan nuevo, sin ningún enlace interno ni externo hacia una página concreta, que los bots simplemente tardan mucho en encontrarla por sí solos.
Por qué merece revisión periódica
Google Search Console permite comprobar, página por página, si algo se ha indexado correctamente y, si no, por qué motivo concreto. Revisarlo de forma periódica, especialmente tras cambios grandes en la web, evita que contenido valioso permanezca invisible para el buscador durante semanas sin que nadie lo note.