Heatmap de clics vs scroll

Un mapa de calor puede mostrar dos historias completamente distintas según qué esté midiendo realmente: dónde toca la gente, o hasta dónde llega antes de irse. Aunque ambos se llaman «mapas de calor» y comparten esa misma escala visual de colores, el mapa de clics y el mapa de scroll responden a preguntas distintas, y confundirlos lleva a interpretar mal lo que realmente está pasando en una página.

Qué mide cada uno, sin mezclarlos

El mapa de clics registra dónde ha pulsado realmente la gente, revelando tanto los elementos interactivos que reciben atención esperada como, de forma reveladora, clics sobre elementos que ni siquiera son interactivos, señal de que el diseño genera expectativas equivocadas sobre qué se puede tocar. El mapa de scroll muestra hasta qué punto vertical de la página llega la mayoría de los visitantes, identificando en qué momento exacto empieza a caer drásticamente la audiencia que sigue desplazándose hacia abajo.

Un mismo problema, dos diagnósticos distintos según cuál se mire

  • Si un botón importante recibe pocos clics, el mapa de clics por sí solo no aclara si el problema es que nadie lo ve, o que lo ve pero no le convence.
  • Cruzando con el mapa de scroll, se puede descubrir que ese botón está colocado más abajo de donde llega la mayoría de la gente, un problema de posición, no de diseño del propio botón.
  • Si el botón está bien posicionado dentro de la zona que sí ve la mayoría, pero aun así recibe pocos clics, el problema real está en el propio elemento (poco visible, poco convincente), no en dónde se encuentra dentro de la página.

Por qué el mapa de scroll suele revelar sorpresas incómodas

Es habitual descubrir que solo un pequeño porcentaje de visitantes llega a ver contenido situado en la parte final de una página larga, información que el equipo interno, familiarizado con toda la página completa, asume que «todo el mundo ve» sin cuestionarlo. Este dato suele justificar decisiones bastante concretas: acortar contenido, o mover elementos importantes más arriba, en lugar de asumir que basta con que la información «esté ahí» para que la gente la encuentre.

Cómo se combinan en un análisis completo de una página

Revisar primero el mapa de scroll para entender qué porcentaje de la página se ve realmente, y después el mapa de clics dentro de esa zona efectivamente visible, evita malinterpretar la falta de clics sobre un elemento como un problema de diseño cuando, en realidad, el verdadero problema es que casi nadie llega a verlo. Ambos mapas, usados juntos, cuentan una historia mucho más completa que cualquiera de los dos por separado.

Un tercer mapa que suele complementar a los dos anteriores

Muchas herramientas incluyen también un mapa de movimiento del ratón, que registra por dónde se desplaza el cursor mientras la persona navega, sin necesidad de hacer clic en nada. Aunque el movimiento del cursor no equivale exactamente a la atención visual, suele aproximarse razonablemente bien, y aporta una tercera capa de información útil cuando los dos mapas anteriores no aclaran del todo qué está pasando en una zona concreta de la página que genera dudas.

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