Cualquier color que aparece en la pantalla de un móvil, un ordenador o una televisión se genera combinando luz de tres colores básicos. RGB (Red, Green, Blue: rojo, verde y azul) es precisamente ese sistema de color pensado para pantallas, el modelo que debería usarse siempre al diseñar contenido digital: webs, redes sociales, presentaciones proyectadas.
Cómo funciona técnicamente, sin complicarse
Es un sistema aditivo: se parte de la oscuridad total (ausencia de luz, negro) y se van sumando distintas intensidades de luz roja, verde y azul para generar cualquier color. Sumar los tres colores en su máxima intensidad produce blanco, no negro, precisamente porque se están sumando fuentes de luz, no pigmentos que se restan entre sí como ocurre en la tinta impresa.
Por qué es el sistema correcto para diseño digital
- Las pantallas emiten luz directamente, por lo que reproducen el color de forma nativa en este modelo, sin ninguna conversión intermedia necesaria.
- Ofrece una gama de colores más amplia (más vibrante y luminosa) que la disponible en impresión con tinta.
- Es el formato que debe usarse en cualquier archivo destinado exclusivamente a verse en pantalla: banners web, publicaciones de redes sociales, presentaciones digitales.
El error habitual de usarlo también para materiales que se van a imprimir
Diseñar en RGB un material que después se va a imprimir (una tarjeta de visita, un folleto) produce, casi siempre, una sorpresa desagradable: los colores impresos se ven más apagados o distintos de lo esperado, porque la impresora tiene que convertir esos valores a CMYK, y esa conversión no siempre reproduce el color exacto que se veía en pantalla.
Cómo se evita este problema en la práctica
Diseñar directamente en CMYK cualquier material que se sepa de antemano que va a imprimirse, en lugar de diseñar en RGB y convertir a última hora, permite anticipar cómo se verá realmente el color final impreso, evitando sorpresas de última hora justo antes de enviar un archivo a producción.