Freemium

Spotify, Dropbox y buena parte de las aplicaciones de productividad actuales comparten una misma estrategia comercial: dejar probar el producto de forma gratuita, con ciertas limitaciones, para después convencer de pagar por una versión completa. Ese modelo es el freemium (fusión de «free» y «premium»): ofrecer una versión básica y gratuita de un producto, reservando funciones avanzadas o sin restricciones para una versión de pago.

Por qué reduce tanto la barrera de entrada inicial

Pedir una tarjeta de crédito antes de que alguien haya probado siquiera el producto elimina de la ecuación a una gran parte de clientes potenciales que todavía no confían lo suficiente como para arriesgar dinero. El freemium invierte esa lógica: primero se demuestra el valor real del producto de forma gratuita, y solo después se pide el pago, cuando el usuario ya conoce y valora lo que está a punto de perder si no actualiza a la versión de pago.

Formas habituales de limitar la versión gratuita

  • Por funcionalidad: ciertas características avanzadas solo están disponibles en la versión de pago.
  • Por uso: un límite de almacenamiento, de usuarios, o de proyectos activos en la versión gratuita.
  • Por tiempo: acceso completo durante un periodo de prueba, con restricciones después de ese plazo.
  • Por soporte: la versión gratuita funciona igual, pero sin acceso a atención al cliente prioritaria.

El reto principal de este modelo: la tasa de conversión suele ser muy baja

La inmensa mayoría de usuarios de un producto freemium nunca llega a pagar, y solo un pequeño porcentaje (a menudo de un dígito, entre el 2% y el 5% en muchos negocios) convierte a la versión de pago. Esto exige un volumen muy grande de usuarios gratuitos para que el negocio sea rentable, algo que solo tiene sentido en productos con un coste marginal muy bajo por usuario adicional, típico del software.

Por qué elegir bien qué limitar es la decisión más delicada de todas

Limitar demasiado la versión gratuita hace que nadie llegue a experimentar el valor real del producto, matando el propio propósito del modelo. Limitar demasiado poco elimina cualquier incentivo real para pagar, dejando el negocio sin ingresos suficientes. Encontrar ese punto intermedio, donde la versión gratuita resulta útil pero deja clara la ganancia real de pasar a la versión de pago, es lo que determina el éxito o fracaso de cualquier estrategia freemium.

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