Con veinte pestañas abiertas en el navegador, distinguir una web de otra sin leer el título completo depende de un detalle diminuto: el favicon, ese pequeño icono cuadrado que aparece junto al nombre de la pestaña, en marcadores guardados y en resultados de búsqueda desde el móvil.
Un elemento pequeño con más funciones de las que parece
Ayuda a reconocer visualmente una marca entre varias pestañas abiertas a la vez. Aparece en la lista de marcadores guardados por el usuario, facilitando encontrarlos rápido. Y en resultados de búsqueda desde dispositivos móviles, Google muestra el favicon junto al resultado, aportando una señal visual de reconocimiento antes incluso de leer el título.
Cómo se crea, sin complicarse
Suele partir del logotipo de la marca, simplificado para que se vea claro incluso en un tamaño extremadamente pequeño (16×16 o 32×32 píxeles es habitual). Un logotipo con mucho detalle o texto pequeño se vuelve ilegible a ese tamaño, por lo que el favicon suele usar solo el símbolo o icono principal de la marca, sin texto adicional.
Un detalle que se olvida con más frecuencia de la que parece
Muchas webs, sobre todo tras un cambio de plantilla o de hosting, se quedan con el icono genérico por defecto del CMS utilizado, algo que transmite cierta dejadez o falta de cuidado, aunque el resto de la web esté muy bien trabajada. Comprobar que el favicon se muestra correctamente en distintos navegadores y dispositivos es una revisión rápida que a menudo se pasa por alto.
Por qué no debería considerarse un detalle menor
Pese a su tamaño diminuto, el favicon forma parte de la primera impresión visual de una marca, especialmente para usuarios que navegan con muchas pestañas abiertas o que guardan webs en marcadores para volver más tarde. Un detalle tan pequeño no decide nada por sí solo, pero suma, junto a otros muchos detalles de cuidado, a la sensación general de profesionalidad de un sitio.