Una tienda cierra temporalmente por reformas y coloca un cartel diciendo «abrimos de nuevo en esta misma dirección la semana que viene». Eso es, en esencia, una redirección 302: un código de estado HTTP que indica que una página se ha movido de forma temporal a otra URL, sin que eso signifique un cambio permanente de dirección.
Por qué el matiz «temporal» es la clave de todo
A diferencia de una redirección 301 (permanente), la 302 le dice a Google y a los navegadores: «por ahora, muestra esta otra página, pero la dirección original sigue siendo la válida y volverá a usarse pronto». Esto tiene una consecuencia técnica importante: Google no suele transferir la autoridad SEO de la URL original a la de destino con una 302, algo que sí ocurre con una redirección permanente.
Casos donde tiene sentido usarla
- Una página en mantenimiento temporal, que volverá a estar disponible en su URL original en poco tiempo.
- Pruebas A/B que redirigen temporalmente a una parte del tráfico hacia una variante distinta de una página.
- Contenido geolocalizado, mostrando temporalmente una versión distinta según el país desde el que se accede.
- Ofertas o promociones puntuales que redirigen a una landing especial durante un periodo limitado.
El error más habitual: usar una 302 cuando el cambio es permanente
Si una página ha cambiado de dirección para siempre (tras una reestructuración de la web, por ejemplo) y se usa una 302 en lugar de una 301, Google puede seguir indexando y dando valor a la URL antigua durante mucho más tiempo del deseado, retrasando la consolidación de autoridad en la nueva dirección. Este error, bastante común, ralentiza sin necesidad la transición SEO completa hacia la nueva URL.
Cómo distinguir cuál usar en cada caso
La pregunta que conviene hacerse es simple: ¿esta página va a volver a su dirección original en algún momento cercano, o el cambio es definitivo? Si la respuesta es «va a volver», corresponde una 302. Si es «no, se queda así para siempre», corresponde una 301, no una 302.